De Espacios y Aprendizajes Compartidos

De Espacios y Aprendizajes Compartidos

El discurso socialmente asumido sobre el voluntariado lo relaciona con ciertos valores positivos, correctos, esperables para una persona o una comunidad, siendo “ la solidaridad” una primer referencia asociada a su definición. Este privilegio del que goza el voluntariado en el imaginario colectivo hace que en algunas circunstancias aparezca matizando situaciones bien distantes de lo solidario.

Desarrollar una herramienta que nos permita sortear distorsiones ha sido el motor que puso en marcha a nuestra Mutual.  Encontramos en la autogestión de los servicios y  en la participación democrática una forma de organización que posibilita evitar manipulaciones. Sin embargo,  cambiar las herramientas utilizando las mismas técnicas no nos garantiza alejarnos de ellas.

Los procedimientos estandarizados para la intervención en situaciones de emergencia se sustentan sobre una concepción que define , por un lado,  al voluntario como portador de determinados recursos – materiales, intelectuales, espirituales – y , por otro, a la persona destinataria de la acción – el damnificado, el evacuado, el carente;   ambos involucrados en un proceso de transferencia con escaso o nulo margen para la creatividad.  Un intento por flexibilizar este esquema es la reivindicación de lo local y el rol activo de los afectados en los propios procesos de recuperación – resiliencia-, sin llegar a debatir el sustento teórico de  la metodología.

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La actividad realizada en la Vuelta del Paraguayo ( Santa Fe) hace pocos días atrás, con un grupo de familias que se autoevacuaron por la crecida del Río Paraná, nos permitió reflexionar sobre este punto. Aprendimos que a veces la percepción de la injusticia, la catástrofe, la fatalidad de haber perdido mucho o todo en algunas casos adopta formas de resistencia novedosas. Que hay un tiempo que se construye al ritmo de la naturaleza, que con ella enseña paciencia pero no pasividad, que a la espera de que el agua baje el viento puedo no tomarse concesiones.  Que hay un espacio que no desaparece ni cuando el agua sube ni cuando el viento sopla fuerte, porque ese lugar está habitado por lo conocido, por los afectos, por los recuerdos y los deseos. Esa dimensión es un espacio simbólico pero cimentada en la territorialidad, es un lugar que queremos tener cerca, aunque en la otra orilla del río, que queremos ver aunque sea a través del agua, que queremos sentirlo aunque maltratado, porque solo así tenemos la esperanza de poder reconstruirlo. La elección de permanecer dentro de este espacio simbólico implica, a veces,  resignar la asistencia por parte del estado.

Estas situaciones evidencian las limitaciones del planteo antes mencionado, este contacto con otras dimensiones de las personas – que no figuran en los manuales o protocolos de emergencias –  nos posibilita a la ves poner en cuestión nuestras formas de ser voluntarios.  Esto constituye lo que definimos como un horizonte de posibilidades recreativas para el voluntariado, como parte de un proceso de aprendizaje colectivo de ayuda mutua e intercambio. En eso estamos, y poder reflejarlo en nuestras palabras ( e imágenes ) es un desafío, porque aún cambiando de herramienta,  de técnica y de metodología, podemos  – sin quererlo – no transmitir correctamente lo que pensamos.

El domingo 21 de febrero del 2016, la mutual de voluntarios entregó a 30 familias autoevacuadas por la crecida del Río Paraná en la Vuelta de Paraguayo bolsones de limpieza e información para el regreso a casa. Agradecemos la colaboración de ” los rebeldes”, sus familias y de los voluntarios. Estas familias no aceptaron  evacuarse en los espacios que la Municipalidad de Santa Fe establece en el plan de contingencia porque desde allí no podían estar cerca de sus casas

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